Protocolo, una historia sobre la civilización
Contábamos hace unos cuantos meses algunas nociones sobre el protocolo, cuáles son sus funciones, qué regulan y por qué sigue siendo uno de los códigos más ecuánimes que las sociedades se han dado a sí mismas. Hablamos del protocolo, una historia sobre la civilización.
Decía el hábil político y brillante conspirador Talleyrand que“sólo los tontos se burlan del protocolo, simplifica la vida”. Esta idea se asentó casi desde los inicios de la vida urbana, y en el famoso código de Hammurabi –compendio legal que popularizó La ley del Talión “ojo por ojo” como forma de limitar las venganzas en la época– encontramos las primeras indicaciones sobre la conducta que tenían que mantener reyes y personal privilegiado en cuanto a sus relaciones con los “ciudadanos” que eran los hombres libres: nada de mujeres, niños ni esclavos.
A lo largo del código cuneiforme existen tres apartados que son indicaciones protocolarias para la corte.
1. La coronación de los reyes de Babilonia seguía un ritual muy específico que está perfectamente documentado en esta estela de diorita Utiliza un lenguaje muy preciso.
2. El segundo apartado sobre protocolo describe con profusión el orden social reinante, y distingue entre las autoridades monárquicas y las corporativas, y también la clasificación social en la que se dividían las gentes de Babilonia.
3. El tercero era una recomendación ordenada a los “funcionarios babilonios de protocolo”:
a. Tratar siempre con máximo respeto y cortesía a todos los ciudadanos del reino, se cual fuere su nivel personal y social.
b. Poner el mayor cuidado y ejecutar bien y de un modo justo los actos y ceremonias del reino, porque esto contribuye a la felicidad, prosperidad y paz de todos los súbditos.
Las civilizaciones posteriores siguieron el ejemplo babilonio y codificaron todos los ritos ligados a la actividad humana.
El antiguo Egipto dedicaba una clase social a estipular cómo debían formalizarse las relaciones en la corte. El libro de enseñanzas de los escribas, explicaba cuál era el orden protocolario de la sociedad piramidal y puntualizaba cómo debían hacerse los rituales que se celebraban en presencia del Faraón. El Jefe de Protocolo dela corte faraónica recibía el título a “Ritualista Jefe” y la dueña de la casa era la anfitriona.
La corte persa pasó a la historia, entre otros motivos, por el rígido protocolo de su corte. La severidad y la buena organización a la hora de ejecutar ceremonias y rituales se manifestaban en todas las facetas de la vida en palacio.
Parte de la herencia cultural que nos legaron los pueblos del creciente fértil nos llegó a través del Antiguo Testamento, que dedica el Levítico, uno de los libros del Pentateuco, a explicar cómo debían funcionar los rituales de los sacerdotes y cómo debían fabricarse los ajuares sagrados. También encontramos referencias al papel del anfitrión y la colocación de los invitados de honor, la cesión de puestos y otros procesos protocolarios.
Aunque las civilizaciones que fundaron el occidente europeo, Grecia y Roma, tampoco se quedaban atrás a la hora de codificar las relaciones institucionales y los acontecimientos y eventos en los que se reunían gobernantes y gobernados. Así, tenemos un Protocolo deportivo elaborado por los sabios griegos o las refinadas normas sociales que mediaban entre las familias senatoriales romanas.
A lo largo de la historia europea a partir de la caída del Imperio Romano el protocolo sufrió de avances y pérdidas, al mismo tiempo que el poder central unificador tardaba en recomponerse. Cada poder terrenal asentado emitió un código que regulaba y estandarizaba la forma en la que debían relacionarse los iguales: desde le protocolo diplomático redactado en 1600 por el poderoso papa Julio II o las normas que regían los ágapes públicos que emitió el rey de Francia Luis XII, que regulaba comportamiento en la mesa y cómo vestirse apropiadamente.
El protocolo que se usa hoy en día hunde sus raíces en el inicio de la Edad Moderna. A partir del siglo XVII, las costumbres europeas inician un período de homologación del protocolo en áreas básicas. Las guerras napoleónicas y la restauración absolutista nacida en el Congreso de Viena dieron lugar al primer protocolo europeo, que se extendería por las colonias que las potencias europeas mantenían a lo largo del mundo.
A partir de esta expansión, se unificaron las reglas que asegurarían cualquier acontecimiento o evento oficial se desarrollase en un ambiente correcto y respetuoso.
Como pueden leer, las relaciones humanas se han valido de reglas y códigos que ayudasen a resolver problemas y facilitasen la integración de grupos de personas que, a priori, provenían de cultura alejadas y, en algunos casos, opuestas.
Una historia apasionante de la que apenas presentamos un somero resumen.
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